Se estima que 1.000 ml de agua transpirada mediante el sudor equivalen a una pérdida de 580 kilocalorías y se asocia además a una elevada pérdida de minerales.

La función más esencial del agua y los líquidos es ayudar a hidratar. De hecho, el agua es esencial para el mantenimiento de la vida y la regulación de la temperatura corporal, constituyendo la base estructural de los seres vivos. Por ello, la sesión “Hidratación y Nutrición Saludable, un reto o una obligación”, que se ha desarrollado en el marco del XIV Encuentro Nacional de Salud y Medicina de la Mujer, celebrado en Madrid, ha matizado que el agua supone entre el 50 y 60% del peso corporal total del ser humano, y aproximadamente entre un 5% y un 10% es eliminada cada día a través de pérdidas obligatorias (respiración, sudoración, diuresis y por heces).

Así, según la doctora Carmen Gómez-Candela, jefa de la Unidad Clínica y Dietética del Hospital Universitario La Paz, de Madrid, se estima “que 1.000 ml de agua transpirada mediante el sudor equivalen a una pérdida de 580 kilocalorías y se asocia además a una elevada pérdida de minerales. Por eso, se debe tomar agua y líquidos que contengan minerales dos horas antes de realizar ejercicio físico, así como durante el mismo si este se prolonga”. Según esta especialista, las pérdidas por sudor dependerán también de la actividad física, de la temperatura exterior y de la temperatura corporal.

Cabe señalar, también, que las necesidades de agua varían en función de la edad, sexo, tipo de alimentación, clima, ejercicio, vestimenta, etc. Recientemente, la European Food Safety Authority (EFSA) ha publicado los valores de referencia de ingesta adecuada de líquidos por grupos de edad, estableciendo:

1.600 ml/día para niños de entre 4 y 8 años

1.900 ml/día recomendados para niños y 2.100 ml/día para niñas, de entre 9 y 13 años.

En el caso de adolescentes y adultos establece una ingesta de dos litros para las mujeres y 2,5 litros para los hombres, siendo esta recomendación similar para los ancianos, ya que en ellos se deteriora la capacidad para conservar el agua en el organismo y se pierde la sensación de sed.

La función más esencial del agua y los líquidos es ayudar a hidratar, la deshidratación puede aparecer debido a un aumento de necesidades (calor excesivo) o de pérdidas (diarrea, por ejemplo). Según la doctora Gómez-Candela, “diversos estudios han constatado un incremento en la fatiga, una dificultad de discriminación y pérdida de memoria cuando se sufre una deshidratación moderada. Y de hecho, las alteraciones del sistema nervioso central aparecen en asociación con un volumen celular cerebral disminuido e incluyen alteración del estado mental, debilidad, excitabilidad neuromuscular y déficits neurológicos”.

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