Es la última moda para adelgazar, pese a que los expertos la califiquen de «ineficaz y fraudulenta». La clave de su éxito radica en abusar de las proteínas, excluir los carbohidratos y minimizar la ingesta de frutas y verduras. Saturar el hígado y los riñones, calambres y fatiga son algunos de sus «efectos secundarios»
La llegada del buen tiempo conduce, irremediablemente, a pensar en dieta
. Aunque todavía el calendario nos concede una tregua para lucir el bikini, esta época resulta la más propicia para «devorar» cualquier dieta que, si además promete perder peso en tiempo récord y sin esfuerzo, mucho mejor.
Este año es el turno de la dieta Dukan. Un sistema de adelgazamiento creado por el nutricionista francés Pierre Dukan que, gracias a su libro «El método Dukan», asegura que es posible, a través de cuatro fases –ataque, crucero, consolidación y estabilización– en las que el ingrediente estrella son las proteínas, perder peso a un ritmo vertiginoso y no volver a recuperarlo. Su éxito, al que un gran número de españoles se han unido, radica en una feroz campaña de márketing, una web interactiva traducida a muchos idiomas y el respaldo de famosas como Penélope Cruz y Kate Middleton, entre otras. Ante tanto revuelo nutricional, la opinión de los expertos es clara y contundente: «La dieta Dukan cumple las características de una dieta fraudulenta», denuncian desde la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas (AEDN
).






La mayoría de los individuos (animales y humanos) tiene una balanza interna en buen funcionamiento que le permite equilibrar de forma inconsciente la cantidad de alimento y la cantidad de ejercicio. Por tanto, si come un poco de más, se moverá más; si un día se mueve de menos, comerá de menos; ... Pero sólo unos pocos afortunados tienen esta "balanza" perfectamente ajustada. Son esas personas que mantienen, de forma natural, su peso durante toda la vida. La mayoría, tenemos pequeños desajustes que nos hacen ir ganando o perdiendo un poquito de peso, poco a poco, hasta que, en la tercera edad, nos sobran o faltan unos kilillos.
Sin embargo, las personas con SPW tienen esta balanza totalmente estropeada. Como todos ya sabemos, su cuerpo es incapaz de equilibrar lo que se ingiere y lo que se gasta, con una lamentable tendencia a ingerir de más y gastar de menos.
Es por ello que debemos ser sus cuidadores quienes hagamos de balanza externa, luchando "a mano" contra ese desequilibrio natural. Se trata de una tarea sumamente complicada, pues ni el mejor ordenador del mundo es capaz de emular la magia del cerebro humano, ni tenemos todos los datos "de entrada" necesarios.


